4 de agosto de 2009

De la agricultura y ganadería en la antigua Roma...

Ahora, podemos ver los cambios evolutivos de la sociedad romana en diferentes planos que tienen que ver con el desenvolvimiento cotidiano de los habitantes de sus tierras. Lo podemos ver desde los agricultores (que eran el núcleo de la sociedad) y sus tareas y herramientas hasta la evolución misma de las tácticas de guerra, el comercio, la religión y la organización política.

La agricultura comenzó siendo muy primitiva pero racional, con uso de tierras en alternación ternaria y cuaternaria, con mejoras del arado de tronco tradicional al de ruedas importado de las Galias cerca del II a. C. otras herramientas que se usaban eran la hoz, la guadaña, rastra, rastrillo, azada, cuchillo curvo de podar, entre otras ¿no? Los cultivos iban desde cereales como el trigo, legumbres, hortalizas, plantas frutales, vides y olivos (estos dos últimos importados). Si bien la ganadería no se destacó mas que en algunas regiones del Samnio, fue una actividad en creciente desarrollo en épocas cercanas al imperio. Además los animales eran utilizados como tracción (vacas y bueyes) y como elementos de carga (caballos, mulas y asnos).

Hubo otros elementos incorporados con la evolución y la expansión de la república romana como el molino de agua, pero los datos inciertos y poco precisos responden a la falta de historiadores y de material escrito que nos haga llegar novedades al respecto. Catón en el siglo II a. C. nos escribía sobre las costumbres pasadas y las actuales, pero pasan dos cosas: por un lado que no hay fechas ciertas ni maneras de comprobar que lo que no vivió el escritor y que nos trasmite no sea tan certero como se plasma; y por otro lado no sabemos cuan objetivo fue al escribir.

En lo que respecta a la relación entre trabajadores y tierras, como ya lo halamos en le comienzo de los tiempos de Roma, lo más probable es que el ager publicus fuera del estado y que los campesinos trabajaran esa tierra estatal, y a medida que se iba expandiendo fue ganando fuerza el campesinado. Aún así, la tierra estatal fue el primer paso al desarrollo de la propiedad privada de la tierra. Las primeras tierras de los romanos no superaban las dos yugadas en torno a sus establecimientos. Pero cada gens tenía el derecho de explotación, derecho que se amplió a los plebeyos en tiempos de Licinio y Sextio. De todos modos la diferenciación entre propiedad privada y propiedad estatal se iría desdibujando dado el siguiente mecanismo: luego de tomar alguna región, los censores reunían a los interesados en ocupar tierras y subdividían las mismas. Los territorios más grandes solían quedar en manos de acomodadas familias, y las más chicas al resto. Los possessores sólo tenían el derecho de explotación del agro concedido para usufructo con el deber de pagar al estado un vectigal (impuesto en producto), por lo cual con el transcurso de los años la diferencia entre público y privados, sobre todo después de que muchos de esos posesores desfilaran por el gobierno se hizo muy difícil de demarcar. Así el reparto y usufructo de las tierras habían generado una relación compleja de productores agrarios: por un lado ricos terratenientes que consideran privados los agros públicos, pequeños trabajadores por el otro, y minúsculos labradores sumidos en grandes deudas por el otro. Entonces los deudores eran expropiados y la tierra servía para otra triquiñuela de ese estilo, y los endeudados terminaban por alquilar parcelas a los ricos terratenientes o a trabajar para ellos sus terruños.

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ún así los ricos terratenientes en los primeros decenios de la república y algunos años más, los mismos beneficiados de las tierras cultivaban con sus propias manos. Esto explica lo primario del sistema agrícola y de esclavismo. Era más un sistema clientelista que esclavista. Pero no faltará mucho para que esto cambie.

Al trabajo sucedía el descanso, ocurría cada ocho días. Las actividades cesaban y se disfrutaba del nonae, permitiendo al campesino hacer las compras en la ciudad y otros asuntos. Las fiestas cumplían un rol fundamental también, la más importante si se quiere era la Paganalia (de pagus), donde adornaban los animales de trabajo y se sacrificaban otros en honor a dioses paganos que ya contaré de que se trata.

Pero claro está que si bien la agricultura fue la base de la sociedad romana, no por eso debemos excluir a sectores como el artesanado. Se los dividió en la época de los reyes según oficios y más cerca de los años que estudiamos según colegios. Pero su impronta la podemos ver en cada una de las construcciones llevadas a cabo hasta nuestros días: en los templos, adornos, cloaca máxima, pinturas y tumbas. Posiblemente los artesanos más especializados fueran o etruscos o griegos, pero la idea que tiene que quedar clara es que existía esta actividad y que se iría perfeccionando con e paso de los decenios. Pero hubo un momento en que las producciones pictóricas y constructivas cesaron, y fue con el paso de la monarquía a la república. ¿Por qué? Seguramente se explique por lo que ya sabemos. Hilemos un poco, los monarcas, los últimos tres habían sido etruscos. Habíamos dicho que este pueblo tenía un gran desarrollo de producciones artesanales y muy calificadas. Ni bien entramos en tiempos de la república los encargues y las producciones artesanales disminuyeron considerablemente. Entonces con qué tiene que ver. Con la ruptura con el pueblo productor. La república sería mucho más modesta y austera. Austeridad que sería motivada por los períodos de guerras que tendrían a los artesanos e incluso a algunos esclavos pendientes de la fabricación de armas antes que de artes. El artesanado romano dependía básicamente de sí mismo: sus producciones eran vendidas por sí mismo, hecho que no cambió hasta que el comercio interno comenzó a tomar importancia.

En los primeros tiempos de Roma (como en muchas otras urbes y pueblos laciales) el comercio se daba en los nundinae y suponía el intercambio de artesanías (vajilla, utensilios) por elementos de la tierra. Esta forma evolucionó raudamente alcanzando la interacción entre esos comercios locales haciéndose común el intercambio entre localidades distintas. Se daba en los centros religiosos por lo cual suponía también un intercambio de cultura recíproca. En roma alcanzó también la vía marítima a un nivel muy primario, pero se vio truncado su desarrollo por las guerras contra la poderosa Etruria. Otro tratado del sigo IV con Cartago dejó a Roma alejada de las costas de África, España y otras tantas pero no por malas negociaciones, sino por desinterés en la actividad. Incluso tengamos en cuenta esto: los romanos capturan Ancio ¿recuerdan? En esta arremetida capturaron las naves en el puerto de la ciudad. ¿Suponen ustedes que hicieron uso de ellas? ¿Suponen que copiaron los planos y pensaron en desarrollar el comercio de ultramar? No, ¡las quemaron y con los mascarones de proa adornaron el foro romano! Sin ponernos en posición de fatalismos, hay que entender que parece impropia de una civilización la falta de raciocinio y decisión al desarrollo del comercio, base de las grandes potencias mundiales hoy y hace miles de años. Pero los dioses tenían para la ciudad de la loba otro destino más próspero e interesante.

Incluso el desarrollo de la moneda fue tardío. En el caso de nuestra ciudad ocurría en tiempos de poco desarrollo que se usara para el intercambio el valor de los bueyes y las ovejas: 1 buey = 10 ovejas. Luego se implementó el peso en bronces, y cerca de mediados del siglo IV se usó el as, primera moneda de uso corriente que equivalía a 1 libra de bronce. Teníamos también así los semis (1/2 libra), los uncia (1/4 de libra), etc. Luego sufrió devaluaciones.

La moneda de plata propiamente dicha fue acuñada luego del 268 y fue por necesidades comerciales con la Italia meridional. Ellas eran el denarius (10 ases) y el sestertius (2 ½ ases). Para la de oro deberemos esperar aún unos cuantos años más. Del término denarius derivará la palabra dinero, sinónimo de moneda.

En una página encontré algo muy interesante que diría Aristóteles en referencia al uso de la moneda. Constituye un importante factor de civilización. Así lo entendió al decir que “la moneda ayudaba al desarrollo del comercio, al tiempo que era un instrumento de justicia y un correctivo de los desequilibrios que surgían en la comunidad social”. Interesante ¿no? Saquen sus conclusiones, así estaba Roma a mediados del siglo IV a. C.

Mariano Nahuel Bennasar
maritobrc@hotmail.com

De la trama política y jurídica de la Roma peninsular...

Rondando estos años previos al comienzo de las guerras púnicas Italia había sido unificada bajo el mando romano, lo que nunca comenté es en qué condiciones se dio esto. Cuando digo condiciones me refiero al grado de complejidad de su tramado político y jurídico, o sea el grado en que se trataba (desde el punto de vista del ciudadano romano) a los sometidos, sus derechos, sus obligaciones y su nivel de libertades. Eran grados de inferioridad o paridades distintas entre los romanos de pura cepa y sus recién conquistados, a los cuales las vueltas de los enfrentamientos, alianzas y estrategias que debieron afrontar posicionaron en diferentes categorías:

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or un lado tenemos a los considerados ciudadanos romanos (cives romanis). Comprendían un grupo de individuos que geográficamente se agolpaban en la ciudad capital y en sus aledaños inmediatos (ager romanus) y los que poblaban las coloniae civium romanorum. Formaban parte de la clase dirigencial, tenían en el sentido más completo y pleno los derechos políticos y civiles. En el caso de las colonias era lo mismo: estaban inscriptos en tribus de la capital, poseían los derechos correspondientes, podían ser postulables y electos para cargos en roma y luego para cargos en las colonias (donde se seguía un esquema de gobernabilidad igual al de Roma, y que se puso en práctica por la poca practicidad del sistema antes descripto). Ejemplos de estas colonias son Ostia, Terracina, Ancio (la primera en conseguir autonomía política), etc.


A la par de las colonias estaban las comunidades con derecho a voto. Estos municipia civium romanorum eran poblaciones que habían sido conquistadas (no fundadas por Roma como los anteriores ejemplos) y que habían recibido los derechos propios de un ciudadano romano. Mantenían de base su autonomía además de haber sido inscriptos sus habitantes en las tribus y de participar del suffragio. Ejemplos de comunidades como esta son ya conocidas por nosotros, como la etrusca Túsculo, ¿la recuerdan?


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or debajo inmediatamente de las dos categorías anteriores están las civitates sine suffragio. Solían ser comunidades tomadas por las armas con la suerte o el privilegio de mantener autonomía sobre su gobierno pero con un esquema similar al de la capital y con normativas que aseguraran un control permanente a los invasores: los ciudadanos no podían ser elegidos para formar parte del gobierno. En el aspecto militar sólo podían aportar legionarios de divisiones especiales auxiliares. A mi parecer una de las mejores tácticas que se implementaron en el aspecto de la seguridad interna del territorio conquistado (haciendo mención en pleno relato de las guerras púnicas) ya que esa medida no fomentaba el desarrollo de mercenarios de ningún tipo, ni activaba elementos inestables dentro del propio territorio controlado; Además deja al ejército romano armado con milicias de ciudadanos que tienen una estructura símil a la de la capital y que permite el desenvolvimiento de los comicios para representatividad del pueblo. El ejército quedará entonces formado por romanos defensores de la causa romana, leales y obedientes, ayudados por pequeñas fracciones de infantería y caballería prestadas, de uso poco habitual y de pequeña significación. Estas ciudades fueron progresivamente incluidas en el espectro de las cum suffragio, sobre todo después de fines del siglo IV a. C.


Otra categoría fueron las colonia latinae, pero para explicarlas recodemos su origen: eran poblaciones militares fundadas por los latinos en el contexto de la liga latina, eran independientes y autónomas, con desarrollo de economías y moneda locales. Tras la victoria romana sobre la misma en el 338, los vencedores mantuvieron estas características pero con reclutamiento de unidades. Y posteriormente concedieron plenos derechos romanos a quienes cambiaran su residencia a Roma. Este factor tuvo como casi obvia consecuencia el éxodo de dirigentes y ciudadanos locales. Como contrapartida Roma concedió la ciudadanía a todos los dirigentes que hubieran ocupado cargos públicos en sus comunidades por el lapso de un año efectivo al menos.


Los aliados (socii) también formaban parte de este entramado que constituye la conformación de la república. Eran las ciudades vencidas por Roma desde las armas y desde la diplomacia. Como tales eran independientes, pero estaban obligadas a proveer y mantener las cohortes de infantería y las alas de caballería para integrar las legiones romanas. Al igual que en la ciudad cabeza el esquema militar, su forma de gobierno y las instituciones debían ser réplica de las suyas. Casi nos estaríamos refiriendo con exclusividad a las ciudades del sur de la península que fueron griegas o aliadas de los griegos, y que en última instancia conformaron la Roma peninsular. Las ciudades puerto en las costas debieron sumar un componente naval agregado a su tributo militar. Tarento, Crotona, Velia, Turios, acaso nos suenen más actuales en la charla.


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n el último escalón encontramos a los súbditos, entre las que incluimos casi con exclusividad a aquellas tribus que se rindieron a la potencia inclemente sin condiciones, y a los pueblos que en distintos momentos de la guerra se inclinaron a favor de los enemigos de Roma en lugar de apoyarlos. Estos dediticii estaban excluidos de todo derecho, estaban imposibilitados a llevar armas y estaban sometidos a la autoridad de los magistrados.


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ero vemos que la convivencia de todas estas formas políticas y jurídicas no son más que una simbiótica dependencia entre Roma y sus nuevos componentes. Por supuesto que estamos lejos de considerar este panorama como el de un estado nacional, sino más bien una convivencia de pueblos y ciudades interrelacionados entre sí bajo diferentes niveles de relación con la capital. Es muy invendible que la identificación entre algún pueblo de la campania, alguna ciudad similar a la tiberina fuese tratada a la par y no como a una tribu rebelde, pero ahí es donde radicaba la conciliación romana de sus haberes. La estrategia necesaria utilizada fue la de dar ciertas autonomías, pedir bajos impuestos en moneda o en riquezas, pero sí el apoyo militar, alguna fracción de la tierra (la mitad aproximadamente del ager publicum), estrategia muy distinta a la que ya veremos más adelante que se aplica en las provincias, donde la relación entre la región central del imperio y las provincias se torna muy violenta. Se explica esto por que en aquel período las provincias eran lejanas, y su contento pasaba por otro lado, además de que no hacía falta el contento provincial, sino su sumisión y que aporte la mayor cantidad de elementos esclavistas posibles para ese tipo de economía. Hoy por hoy, y en esos tiempos que pasaron en la conformación de la república hacer esto hubiera sido crear su propia destrucción, pues la urgencia más urgente estaba definida en tener aliados y sometidos felices (pero sometidos y romanos) para formar una confederación regional fuerte que defendiese los intereses de la loba sea como fuere. Tal vez este concepto fue aprendido cuando Roma aún era una de las tantas ciudades que estaba incluida en la liga latina, pero lo cierto es que el resultado está a la vista y fue muy efectivo.


Seguramente esto lo hable en alguna de estas publicaciones que siguen, pero gracias a la estabilidad peninsular, a los materiales y recursos de que disponían y la política llevada a cabo, las incursiones que comenzaron fueron llevadas a buen término y la economía junto con las costumbres, el comercio, la sociedad y otros factores que hacen a los pueblos evolucionó de tal manera que se pasó de una pequeña economía regional esclavista a la mayor expresión del esclavismo.


Mariano Nahuel Bennasar
maritobrc@hotmail.com

3 de agosto de 2009

Una visión de la política y del desarrollo bélico vista desde los barcos...

Roma era una gran potencia militar con muchos recursos bélicos y con una amplia visión expansionista de sus logros, tanto es así que nos los frenó la geografía itálica del sur y se embarcaron (literalmente hablando) en una guerra que duraría 23 años en su primer capítulo. La experiencia naval de este pueblo era escasa, sus raíces se hundían en pasados pueblos de agricultores y de antiguos pequeños pueblos comerciantes que desconocían las artes navales. El tipo romano era iletrado, rústico, campesino, alejado a los círculos literarios y artísticos (fenicia, Grecia, hasta Etruria podía representar una fuente cultural interesantísima), pero sí era un gran militar. Tal vez por las características anteriores podría decirse que “un militar ideal”: tosco, poco reflexivo, buen acatador entonces de las instrucciones recibidas. Un subordinado perfecto. Si sumamos a esto un buen entrenamiento y experiencia terrestre tenemos como resultado a la mejor máquina bélica de infantería de la región.

Pero por otro lado tenemos a Cartago, una república que ubicamos en sus orígenes en África, que basó su expansión en territorios poco controlados pero cuya importancia no era el dominio en sí, sino de su comercio. Como nos imaginamos, en su continente el campesinado no tenía la misma importancia que en Roma ya que su desarrollo era mínimo. Su pueblo fundacional, el fenicio, era más apegado al mar por su pasado de comerciantes y de exploraciones. Su civilización (ya lo conté) tenía un desempeño excelente en las aguas y la flota más importante de la región. Es entendible entonces que tras los ataques romanos en el 264 la estrategia cartaginesa fuera llevar el combate al mar mediterráneo y evitar el enfrentamiento cuerpo a cuerpo dónde el éxito romano sería indiscutible.


También podemos preguntarnos ¿por qué es que se llevaron los combates al agua y no se prefirió mejorar el elemento cartaginés de la infantería? Por varios motivos pienso que debió representar enormes dificultades:

  • Porque los militares eran mercenarios, grandes guerreros de por sí, pero que tenían la contra de ser muy inestables en su subordinación.
  • Por otro lado porque aumentar el número de soldados a sueldo sería crear un arma de doble filo, tan poco estable que sería preferible no tenerla. Además significaría un incremento del costo de mantenimiento y una reducción del botín de guerra recibido por el estado.
  • Y en tercer lugar, y de la mano de lo anterior, el tomar la decisión de aumentar los soldados de la ciudad de Cartago (nacionalistas digamos, defensores netos de la causa), sería tomar la decisión de ampliar los campos cultivables, tener más campesinado, y supondría una conciliación de las dos facciones que estaban enfrentadísimas políticamente en la capital, y eso sería algo tan poco factible, cuanto menos urgente. También significaría tiempo, y de eso sí que no se disponía.

Se especuló entonces con llevar el combate a los trirremes y los quinquirremes, y la tierra sería el recurso más alejado posible de la realidad. Claro que Roma intentaría hacer lo propio. El intento de llevar a tierra a Cartago no era buena idea y no resultó, por lo que debieron ser tomadas dos decisiones que dieron resultados inmediatos y a largo plazo:

  • La creación de una flota naval propia.
  • Llevar la guerra de infantería al mar.

La primera fue producto de las primeras derrotas en el mar, luego de la toma de Agrigento (261), cuando fueron encontrados restos de naves encalladas en las inmediaciones de esa ciudad que aún no habían sido quemadas por sus tripulantes. La copia de esos esquemas de ingeniaría fue minucioso y exacto, así que su inmediata reproducción no tardó en llevarse a cabo. Otras teorías suponen que Roma ya disponía de una flota pequeña y experiencia en las aguas con el fin de patrullar sus costas de la piratería; y otra refiere que quienes facilitaron la tecnología naval fueron aliados de los romanos. Sea como fuere la situación, lo importante es que Roma pudo ponerse a la altura de las circunstancias y comenzar a dar las primeras brazadas en el Mare Nostrum.


Y el otro punto (que tiene que ver con lo anterior) supuso el agregado de un puente adherido a la nave (corvus = cuervo) que permitía a las legiones que transportaban abordar los barcos enemigos, asesinar a sus ocupantes y tomarlos. Era más efectivo esto que la maniobra de abordaje practicada por Cartago. Su uso fue puesto en práctica en la batalla de Mylae (de la que ya hablé antes), pero ese fue sólo el comienzo, pues durante muchos años más en el transcurso de la guerra fue exprimido su provechoso fruto, cosechando triunfo tras triunfo. Sólo la naturaleza le causó tantas bajas a Roma como las que le produjeron los cartagineses: en dos tormentas claves se hundieron centenares de naves y se perdieron decenas de miles de vidas entre remeros e infantería. Aún así la respuesta fue dada con mayor énfasis en la construcción de naves y una revisión en su ingeniería naval: el corvus podía ser el causante de la inestabilidad de la nave dado el peso desparejo que ejercía sobre su flotabilidad.


Las batallas que luego siguieron y fueron dándose casi por igual entre ambas potencias no hace más que confirmar cuan grandes eran o pretendían ser (en el caso de Roma), y cuan desgastadas quedaron tras años y años de guerra. Pero en el balance fue el peso itálico el que inclinó la balanza a favor suyo: aprendió a construir barcos con fines bélicos, a mejorarlos, armó astilleros, aprendió a maniobrar los aparejos, puso empeño en su desarrollo y en la expansión que poco preocupado tenía a Cartago.


Fueron los que mejor hicieron los deberes y eso no sólo se notó tras 23 años de enfrentamientos ininterrumpidos, sino en los años que seguirán en la historia de los pueblos mediterráneos.


Mariano Nahuel Bennasar
maritobrc@hotmail.com

2 de agosto de 2009

Del fin de la primera guerra púnica y del balance de la misma...

Roma estaba por debajo del número necesario de unidades militares para mantener los logros de los años anteriores. Su flota había sido diezmada y su ejército también. Los recursos humanos estaban escaseando y los recursos económicos no existían prácticamente. Aún así se construyeron nuevas naves y se hicieron algunos saqueos sobre las costas africanas y se impuso un bloqueo portuario a la ciudad más importante de Sicilia de orden cartaginés (Lilibeo). De todos modos no fueron más que fracaso tras fracaso. Por tierra y en la ínsula Cartago tomaba Agrigento (y la quemaba por no poder mantenerla), mientras que los romanos hacían lo mismo con Termas y con Palermo.

En ese aspecto Roma había resultado beneficiada. El que no lo fue, fue Jantipo, a quien quisieron asesinar los mismos generales cartagineses por que prefirieron eso a tener que pagar sus servicios y sus victorias. Cartago se veía ahora privada de su ancho de espada en la ofensiva contra la potencia itálica. Aún así Roma perdería nuevamente otra flota, aquella misma que no pudo bloquear el puerto de Lilibeo. Pero volvamos a la tierra. Allí, tras la victoria sobre Palermo, muchas poblaciones del interior de la isla se aliaron a los romanos y comenzaron a versus enemigos cuáles eran sus intenciones.

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eses más tarde tropas fenicias desembarcaron cerca de la nueva posesión romana con intenciones de retomar la ciudad palermitana. Entre las filas enemigas se contaban varias decenas de elefantes, a quiénes los itálicos temían desde tiempos de Pirro. La ansiedad de los asaltantes hizo que la contienda se volcara a favor de Roma: los elefantes no pasaron de las fosas de la ciudad y la confusión en esa formación fue in crescendo. La victoria sobrevino y junto con ella la captura de varios mamíferos que sirvieron para hacer perder el miedo a dicho elemento militar. Para este momento Cartago en la isla era solo Lilibeo y Drépano, ciudades bastante inaccesibles por la calidad del terreno, de sus fortificaciones, de la cantidad y calidad de militares que aguardaban dentro y por que eran abastecidas por vía marítima y constante. Aún así Roma no la estaba pasando mejor.

Mientras tanto, en la guarida de los cartagineses ganaba Hanón “el grande” y enfocaba su gobierno a la expansión territorial sobre África. Podemos suponer entonces que era de la facción campesina del poder. Otra característica que adoptó fue el intento de iniciar negociaciones con sus enemigos y dejar la guerra un poco de lado. Su tentativa no llegó a nada.

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n el 247 Amílcar Barca fue nombrado jefe de las legiones apostadas en Sicilia. Su inclinación y decisión venían por el lado expansionista y de retomar los territorios que habían pertenecido a Cartago con antelación. La incursión arrancó por saqueos en costas itálicas y luego con el desembarco en la zona dispuesta entre Palermo y Erice desde donde año tras año se fueron tomando nuevas posiciones hasta que prácticamente toda la isla quedó en manos cartaginesas nuevamente.

Las idas y vueltas entre las dos potencias habían desgastado mucho a las dos partes, sobre todo a Roma que estaba financieramente devastada. Por este motivo fue que hubo que recurrir a un empréstito público mediante el cual pudiera financiarse una flota de 200 barcos nuevos con los cuales dirigirse a retomar las posiciones sobre la isla. Cayo Lutacio Catulo en el 242 fue el encargado del comando de los quinquirremes en dirección a Drépano. La sorpresa de los adormecidos cartagineses fue enorme: habían quedado mal aprovisionados por que la principal atención militar estaba puesta en África, mientras que la isla era controlada por Amílcar; y además la preparación militar había quedado aletargada en demasía por falta de ejercicios militares. El ataque fue muy provechoso para los romanos ya que pudieron desarmar a la flota local, levantar el bloqueo y armar uno propio para desabastecer las guarniciones más fuertes de Cartago en la isla. Las provisiones venían en camino, y aparecieron rápido frente a los puertos tomados. Por las dudas, y atajándose de un posible intento de aprovisionar desde otros puntos de la isla, los romanos atacaron cerca de las islas Egatas a la flota fenicia causándoles enormes bajas (o hundidas) y una retirada obligada de los sobrevivientes.

La guerra había llegado a su fin, y ambas partes pudieron negociar un tratado de paz que benefició en mayor parte a los latinos: retirada de todo cartaginés armado de la isla, respeto y no agresión a ningún romano ni siracusano, liberación de los prisioneros de guerra, el pago de más de tres mil talentos de plata en un período de 10 años como para costear los gastos de la guerra mantenida por 23 años, el control de Lípari.

Para roma las consecuencias no fueron las mismas: con la conquista de Sicilia y el establecimiento de la primera provincia romana (o más bien territorio extranjero dominado por las armas, considerado propiedad romana con ciudadanos privados de derechos y sometidos a tributos y decisiones que no les eran propias) la economía itálica cambió. Ahora será basada en un sistema esclavista. Lo mismo se repetiría en otros territorios de la península que los vio crecer.

Mariano Nahuel Bennasar
maritobrc@hotmail.com

30 de julio de 2009

De las batallas navales y de la infructuosa incursión romana en territorio africano...

Las incursiones en la isla no cesaron, incluso en el 260 Amílcar (no Barca del que ya hablaremos más) desembarcó en las costas de Enna, tomó la ciudad y se dirigió camino al este hasta la ciudad de Camarina, cercana a Siracusa, acaso con las esperanzas de conseguir una alianza frente a Roma. Lejos de eso, los romanos aplicaron una fuerte ofensiva y recuperaron los territorios del sur de la isla. En el centro se ocupó la ciudad de Misístrato. En los alrededores los cartagineses comenzaron su modo de asedio: pequeñas incursiones vía mar que desgastaban la moral romana y que generaban un impedimento efectivo de asedio de los baluartes cartagineses: Lilibeo y Panormus.

Esta situación hizo definir a la loba romana una nueva estrategia de combate lejos de la isla, por tierra, y que necesitase de la vía marítima también: había que llevar la guerra a Cartago misma, como lo había hecho hacía 50 años Agatocles al borde de una segura derrota frente a los fenicios. Roma sangró la construcción de una flota capaz de trasladar un ejército entero a las costas africanas, pero en poco tiempo tuvo listas las naves y los soldados: 100.000 remeros y 40.000 infantes, todo un numerito. Zarparon en 230 naves desde Mesina bordeando la isla en el verano del 256, pero sin saber qué se encontrarían allí. Habían apostadas 250 naves cartaginesas con más hombres de los que transportaban los invasores. La batalla fue pareja en un principio, pero el uso del corvus hizo estragos en las filas enemigas y terminaron la contienda con arriba de 100 naves menos (entre capturadas y hundidas). Los cartagineses volvieron a áfrica con el claro objeto de reagruparse y fortalecerse, además de defender su capital. Roma por otro lado quedó cerca de Clípea, ciudad que posteriormente fue tomada, saqueada, y de la cual se tomaron 20.000 prisioneros. Desde la capital itálica llegó la orden de que uno de los cónsules se quedara en el continente africano con fuerzas suficientes, y que el otro volviera a su capital. Esto se puede entender por varios motivos: por un lado por que las contiendas largas estaban debilitando al campesinado local que se ausentaba por largos períodos de sus labores; por otro lado por que con los ejércitos de los que se disponía no hubiera sido posible un asedio medianamente serio de la capital cartaginesa; además mantener en Sicilia a remeros, parte del ejército, y ese numero de prisioneros sería muy difícil; y por supuesto que para enviar refuerzos al África hacían falta transportes, aquellos mismos que estaban apostados en las costas sudorientales de la gran isla en disputa.

En la otra orilla, Régulo comenzó su saqueo y se vio en la necesaria obligación de enfrentar combate directo con los cartagineses, superiores en infantería y con el viejo y ya tan manejable elefante. La batalla fue muy desventajosa para los locales y Roma infligió una derrota tal, que pudo penetrar hasta su campamento y seguir camino a Túnez. Mientras tanto en la capital fenicia el panorama era bastante inquieto: los numidas habían visto la situación en que estaba sumida la república y se sintieron envalentonados para rebelarse, entonces el hambre y los descontentos fueron moneda corriente en la riquísima y floreciente capital. Aprovechando esta situación, el cónsul romano pide negociaciones de paz, embajada que fue aceptada, pero cuyas humillantes condiciones no.

Ante esta desventajosa realidad el único que pudo cambiar el ánimo del pueblo militar, civil y político fue el mercenario espartano Jantipo, a quien se le confiaron las legiones cartaginesas. La paupérrima moral de los combatientes se elevó y generó un clima totalmente nuevo y propicio para una ofensiva al campamento romano. 12.000 hombres, 4.000 jinetes y 10 elefantes bastaron para arrasar con los romanos, siendo capturado hasta el mismísimo Régulo. Los dos mil sobrevivientes que lograron escapar se refugiaron en Clípea (donde rechazaron cada uno de los ataques propiciados). Hacia el 255 unja flota de arriba de 350 naves fue en rescate de los sobrevivientes, previamente ganando una pequeña contienda marítima, y puso fin al teatro africano. Lamentablemente para los que llevaban la travesía marítima como para Roma, cerca de Sicilia la grandiosa flota fue sorprendida por una tormenta que destruyó la mayor parte de las naves y que ahogó a gran parte de la tripulación: 70.000 remeros y 25.000 soldados.

Qué hubiera pasado si… esas son las preguntas que en todo momento y en toda circunstancia de la vida nos hacemos, cada uno de nosotros. La podemos aplicar también a otros ámbitos como lo serían en este caso lo que nos compete, la incursión romana a África. Qué hubiera pasado si en lugar de dejar a Régulo el lugar de la diplomacia con Cartago hubiera sido otro. Qué hubiera pasado si se hubiera firmado la paz. Qué hubiera pasado si en lugar de elegir ir por las costas de Sicilia de aguas profundas solamente para impresionar a los costeros poblados se hubiera elegido la ruta segura. Qué hubiera pasado si ese día la presión hubiese estado más alta y no se daba la tormenta. Qué hubiera pasado, qué hubiera pasado si… no lo sabemos, podemos imaginárnoslo. Seguro que la historia hubiera sido distinta. Pero las cosas son como se dieron y son consecuencia de la fortuna y de las decisiones humanas que segundo a segundo modificaron el teatro de operaciones, modificaron una nación, y que modifican nuestro mundo segundo a segundo.

Volviendo a Sicilia… ¡no seremos tan ingenuos en suponer que ante la pérdida de unidades y el bajón moral de las tropas Cartago no iba a tomar represalias! Cartago de la mano de Jantipo se iba a jugar una de sus cartas más altas en el truco mediterráneo.
* Imagen sacada de Wikipedia que me encantó por la claridad conceptual de la gráfica. Gracias!

Mariano Nahuel Bennasar
maritobrc@hotmail.com

29 de julio de 2009

De la primer guerra púnica. Comienza la puja por Sicilia...

Ya se imaginarán entonces qué fueron las guerras púnicas: en resumen, una seguidilla de tres guerras que enfrentaron cara a cara entre los años 264 y 146 a Roma y a Cartago, las dos repúblicas pujantes por el dominio de la cuenca del mediterráneo.

La vida en Sicilia en esos últimos años había sido muy agitada y había cambiado de mando reiteradas veces: desde los infructuosos intentos de pirro por dominarla, fueron los cartagineses los que se apoderaron de la isla quedando sólo un pequeño territorio siracusano. La extremidad lindante con Italia estaba comandada por los mamertinos (ex mercenarios itálicos al mando de Agatocles que tras su deceso decidieron tomar el poder y dividirse a modo de botín las mujeres, niños y propiedades entre otras cosas), quienes fueron replegados por Hierón II. Corría el año 275 para ese entonces. Los mamertinos para enfrentar esa situación dejaron desembarcar a una flota de tropas de Cartago. Hierón II que no estaba en condiciones de guerrear se retiró.


Todavía el asunto no habría de llegar a Roma, pero estaba muy cerca de hacerlo. La situación de los mamertinos no cambió y vieron que Cartago también representaba un problema sobre sus dominios. Esto generó que en el seno mismo de los debates de Mesina se discutieran dos posibles opciones que incluían alianzas: por un lado con los cartagineses sobre la base de una región autónoma, y por el otro una alianza con Roma.


La embajada significó la transferencia de un problema que sería definitivo para la vida de la república romana. Ahora, ¿qué significación tendría la alianza con los mamertinos? Sencillamente la guerra directa con su principal rival. Si bien los intereses de ambas potencias eran distintos, Roma no podía permitir que una nación tan potente como lo era Cartago pusiera pie firme en la isla. Pan para hoy, hambre para mañana. Además los ya existentes y escasísimos elementos imperialistas que comenzaban lentamente a surgir en base a la economía agraria y el esclavismo en Roma, vieron una gran pepita de oro con forma de isla más allá del estrecho de Mesina. “No podemos dejar de pasar la oportunidad de expansión y crecimiento”.


La decisión no fue tomada en el senado, no lograban decidir qué hacer. La asamblea popular tomó cartas en el asunto. Ya estarán dándose una idea de cual habrá sido su decisión… Apio Claudio, pariente del censor homónimo fue elegido para realizar la ofensiva. Corría el 264 cuando los romanos irrumpieron en Mesina tras haber sorteado el bloqueo naval de Cartago. La guarnición cartaginesa que estaba apostada en la ciudad se retiró, y Cartago firmó una alianza con los siracusanos para retomar la urbe perdida recientemente. Mientras tanto, Apio llegaba con dos legiones a Regio, y tras negativas de negociación de paz se vieron obligados a atacar Siracusa aprovechando la falta de confianza que se había gestado entre los dos aliados. Su triunfo fue muy importante y a pesar de no haber podido tomar la ciudad principal, al menos dejó apostada una fuerte guarnición. El comandante retornó a Roma.


Los cónsules del 263 no esperaron demasiado para poner pie en la isla con más de 40.000 infantes, y pusieron sus otras dos extremidades a la obra para no dejar sin conclusión los enfrentamientos de los meses pasados: el sitio a Siracusa no se hizo esperar, tampoco lo hizo la intención de negociación de los sitiados que intentaban revertir la situación. Hierón II llegó a un acuerdo que supuso que se bajara un tantito los pantalones: el seguiría al mando de su ciudad como aliado de Roma pero debía devolver los prisioneros de guerra y un resarcimiento económico para saldar los gastos de guerra. Juntamente, estos nuevos aliados pondrían sitio a la ciudad de Agrigento en la primavera del 262 con más de 40.000 hombres. Allí estaban apostados los de Cartago que resistieron heroicamente meses y mese hasta que fue necesario el ataque para poner freno a los malestares de los combatientes y de los mismos ciudadanos.


La derrota fue total, pero las bajas romanas fueron tantas a su vez que no pudieron impedir la retirada de los sobrevivientes. De ahora en más la idea de los cartagineses será evitar el combate por tierra y llevarlo al mar, donde su tecnología, cantidad de naves, y experiencia en el terreno los llevarían a victorias seguras. Ejemplos de eso son las ciudades que se fueron aliando a Roma, a diferencia de aquellas otras costeras que por temor a la flota de Cartago no lo hicieron.


Hacer inteligencia no era algo desconocido o que tengamos que esperar hasta tiempos de Mata Hari. Por este medio se pudieron conseguir los planos y los materiales necesarios para comenzar a construir una flota propia, que en principio ascendió a más de 100 naves (entre trirremes y quinquirremes). Pero a su vez los romanos tenían que hacer lo contrario de los que les proponía el enemigo. La guerra en el mar no ayuda a Roma. “Entonces llevemos la infantería a la mar”. Así fue como a través de un nuevo invento pudieron hacerlo realidad: el cuervo (corvus). Era un mecanismo que iba en la proa del barco, una especie de tabla con ganchos que era tirada sobre el barco enemigo formando un puente por el cual pasaba la infantería a masacrar al enemigo. Mylae (Milazzo) fue el motivo por el cual se alzara en la capital itálica una columna en honor al cónsul Cayo Duilio, vencedor. 50 naves cartaginesas fueron reducidas, y ni hablemos de su orgullo.


E
n el mar, al año siguiente el cónsul Cornelio Escipión se armó y ocupo Aleria (Córcega) e incursionó por Cerdeña. Hubo algunas derrotas en Sicilia pero fueron salvadas con más victorias romanas. Para ese año Cartago estaba arrinconado contra el extremo occidental de la isla que años antes pudo haber sido la amenaza más grande para la república de la península itálica.


Mariano Nahuel Bennasar
maritobrc@hotmail.com

28 de julio de 2009

De Cartago...

Roma era dueña ya de toda la península, controló poblaciones enteras de tribus poco desarrolladas, estableció colonias, sometió a los griegos y se dignó a mojar los piecitos en las aguas del mediterráneo allá abajo, en la puntita de la bota, disfrutó de sus aguas cálidas, levantó la vista y miró. No era cosa de límites terrestres el asunto. En la otra orilla en dirección oeste estaba la gigantesca Sicilia, isla basta en territorios habitables y fértiles, pero no como cualquier otra isla pedregosa, sino que más bien parecía un recorte de la campania rodeada por agua salada y que acogía a diversos pobladores poco afines a los romanos. Allí estaban apostados los cartagineses.

¿Qué tal si hablamos un poquito más de ellos? Al fin y al cabo elijo yo, asíque hablemos de ellos. Cartago fue una importante ciudad de la antigüedad fundada por los fenicios (Poenici) procedentes de la devastada ciudad de Tiro. Al igual que ocurriría años más tarde con Roma, aquí, en las cercanías de la ciudad de Túnez, tenemos una leyenda fundadora: la princesa Dido, hermana del rey de Tiro fundó en 814 a. C. fundó la ciudad y las bases de un sólido estado con tintes monárquicos en un principio y republicano después. Su ubicación favoreció un próspero sistema comercial, siendo esta urbe receptora de un sinfín de artículos de toda clase y de variadísima procedencia. El estar a tan sólo 4km del mar, y la afluencia comercial la hicieron desarrollarse mucho más rica cultural y económicamente que la capital itálica.


Vayámos dándonos cuenta el poderío que alcanzó y en qué terreno ¿verdad? La ciudad tenía una triple muralla con capacidad de albergar a decenas de miles de infantes, tenía dos puertos: uno comercial y otro militar. Este último podía albergar más de 220 naves de guerra, tenía una isla artificial en el medio que cumplía las funciones de almirantazgo, hangar, y las veces de astillero.


Cartago, aquella pequeña ciudad de algunas decenas de km2 fue creciendo, sus fundaciones se extendieron a lo largo de las costas mediterráneas del África, algunas cuantas factorías en Hispania, Sicilia, Córcega, Cerdeña, islas Baleares, entre otras, convirtiéndose en una verdadera potencia comercial. Su agricultura era. Sólo era. No destacaba aunque sí fue un elemento que modificó la suerte de los cartagineses: el poder estaba conformado por una elite de ricos terratenientes y artesanos comerciantes. Eran dos facciones bien diferenciadas que pujaban constantemente y en direcciones opuestas por el poder. Los primeros preferían la expansión al sur del continente africano y ampliar el escaso elemento campesino, mientras que los otros preferían la fundación de colonias y la expansión territorial, o sea, la expansión de puntos de venta y el consiguiente aumento de mercados y ganancias.


Entre otras cosas este hecho debilitó la conformación de un estado democrático en su totalidad. Digo esto por que Cartago no fue una potencia que, según varios autores, no explotó en un camino determinado: tenía muchas colonias y las controlaba muy bien, pero nunca se expandió como sí lo hicieron los romanos (éstos con escaso control de los sometidos), lo que frenó su potencial comercial. Pero por otro lado tampoco se proyectó un incremento de su campesinado local. ¿Qué tenemos entonces? Una ciudad, república expandida, potencialmente expansionista que no se expande, con baja cantidad de trabajadores agrestes y que cerca del 264 (año romano) se tiene que enfrentar a aquella otra potencia mediterránea.


Este poderío colonial no estaba basado en mera confianza, convengamos eso. Está cimentado en un fuerte aparato militar. Pero acá nos encontramos con otro temita no menor y que fue condicionante en su futuro como posible potencia regional: este aparato bélico estaba conformado en casi su totalidad por mercenarios y miembros de tribus conquistadas, como habíamos dicho, por falta de un campesinado local, leal a la causa cartaginesa. Seguramente fueran mejores guerreros que los campesinos, pues su trabajo era la guerra, pero siempre y cuando estuviesen bien pagos y sus promesas de botines fuesen interesantes. Si en lugar de eso tenían batallas interminables, desgastantes, con lejanas y pocas miras de buen término se transformaban en un elemento muy inestable y revolucionario.


Un panorama inestable en tierra para Cartago, más promisorio para Roma siempre y cuando los ayudaran los dioses. En el mar Cartago era totalmente superior, con distintos tipos de barcos, la última tecnología en el ámbito naval, fuertes tripulaciones y mejores comandantes, contra las decenas de barcas poco experimentadas romanas que poco desarrollo tenían. Así nos encontramos parados en vísperas de las guerras púnicas (o guerras romanas para los fenicios), guerras estratégicas y de expansión, guerras de supremacía y dominio. Dos potencias pujando para ver quién la tenía más larga. Dos proyectos distintos de civilización que tenían los elementos helenísticos, en mayos o en menor medida en común, y que en el año de 264 se encontrarían en el campo de batalla.


Mariano Nahuel Bennasar
maritobrc@hotmail.com